ESCENAS, por Hilda Fuentes de la Cruz

El circo
Los carteles del circo están en todas partes. Como cada verano el desfile de payasos pasó a media mañana. Estoy en la puerta que da a la terraza, tratando de ver más desde la casa. Sé que es el mismo circo del año pasado, pero mi corazón salta de gozo y se me hará largo el día hasta que llegue la hora de ir. ¡Papá, papá! Llamo hacia adentro. Estoy segura de que, como siempre, mi padre sacará de sus mágicos bolsillos el dinero suficiente para que vayamos todos, alborotando, como si fuéramos al más grande circo internacional.

La compra
La abuela es la encargada de hacer la compra diaria. Y de cocinarla. Y de repartirla. Y de hacerla durar. Baja por la angosta escalera con su gran canasta. El perro brinca delante de ella anticipando el paseo. El manojo de llaves canta en su cintura una canción de libertad que el perro responde con ladridos impacientes. Por fin logra abrir la puerta ya un poco apretada. Llaves, perro, canasta y abuela salen finalmente al amplio sol de la calle.

Mi vecino
El niño de la esquina tiene su pierna derecha más corta y unos enormes ojos verde gris rodeados de espesas pestañas. Mi corazón brinca cuando se acerca, esperando ver los ojos verdes y temiendo su agresividad. No lo miro directamente, temo su rechazo si observo su largo y sufriente trayecto. Llega a mi lado. Los ojos verdes capturan los míos y dice fuerte: ¡Hola!

El regreso
Atardece en verano. Estoy sentada sobre un cerco de troncos. El suave sonido de patas, mezclado con balidos, permite adivinar que el rebaño regresa. Una nube de polvo se anticipa aumentando la penumbra bajo los castaños. Finalmente los oblicuos rayos del sol triunfan sobre las hojas y muestran en el aire un fino polvo de oro y las primeras ovejas.

Escena casi campestre
Estoy sentada, jugando a la payaya en las baldosas de una terraza que alguna vez fue. El sol de otoño felizmente se niega a abandonarnos y se cuela por entre las hojas y acaricia mi espalda. La gata, encaramada en uno de los travesaños, mira desde las alturas como si nada le interesara, pero observa atentamente si me equivoqué o acerté.

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