NUESTRAS VIDAS, FRAGMENTOS PARA CREAR, por Verónica Ruiz

En su libro, Seis propuestas para el próximo milenio, el escritor italiano, Italo Calvino, desarrolla una reflexión sobre la Multiplicidad y se pregunta:

“¿Qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, informaciones, lecturas e imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”

Esta cita ha motivado diversos ejercicios de escritura del taller de la calle.

Hemos puesto la multiplicidad en el contenido de los escritos -por ejemplo al escribir a partir de preguntas tales como, “¿Cómo vive Latinoamérica en mí?” -, y en la forma del escrito, por ejemplo al desarrollar un collage de escenas de la vida de cada participante.

Sin embargo, además de “utilizar” la idea de multiplicidad para motivar ejercicios de escritura, me gusta también invitar a detenernos en la lectura de la cita para proponer una mirada sobre lo que son, en cierto sentido, nuestras vidas como contenido y motor de nuestras creaciones.

Sin duda, cualquiera puede, al mirar lo que ha sido su vida, construir una interpretación, darle un sentido que dependerá finalmente de sus creencias. Algunos se preguntarán, como la canción, ¿A dónde fueron a dar..?, o como el poema, ¿Qué se hizo el rey…los infantes, qué se hicieron?, o pensarán en un camino, un río, un sueño.

Pero al escribir, nadie se salvará de entrar en el espacio de la memoria y allí encontraremos sobre todo retazos, fragmentos, resplandores y sombras de lo que vivimos. Inevitablemente nos reconoceremos como una zona de contacto donde esos sucesos han dejado huella; tendremos tarde o temprano que reconocer que, aunque esos sucesos hayan adquirido una naturaleza casi volátil en lo que llamamos recuerdo, nuestra identidad se ha conformado gracias y a pesar de ellos. Y al escribir haremos algo nuevo con esos retazos, los actualizaremos, cambiarán como nosotros hemos cambiado.

Me gusta releer la respuesta que da Calvino a su pregunta, “Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”.

Esta respuesta nos permite mirar con otros ojos nuestra vida, mirar en primer lugar su abrumadora riqueza y dinamismo. Cada vida, quiere decir toda vida, cualquier vida, por notable o insignificante que sea, la de un viajero, una vendedora de loterías o la de un prisionero.

Una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario quizás para algunos pudiera significar algo inerte, algo menor que aquello que consideramos un fenómeno vivo, multifacético y misterioso; un espacio o un objeto serían siempre más pobres que aquello que sentimos cuando nos ponemos a mirar nuestra vida desde nuestro estar vivos. Pero la verdad es que todo lo que recordamos ya no está como estuvo, y sin embargo, en el presente podemos hacer algo con ello, podemos (re)crearlo.

Por eso, al lado del olvido, la omisión, la edición que permanentemente hacemos cuando hablamos de nuestra vida, a su lado, las metáforas de la enciclopedia o la biblioteca aparecen como algo grandioso, fantástico, como resultado de un loco anhelo de conservar, guardar, atesorar –donde cabe mucho porque ese anhelo está animado a su vez por el reconocimiento de la multiplicidad como riqueza– un reservorio, un reflejo de la vida, porque en una enciclopedia o en una biblioteca no se consignan correspondencias con sólo algunas letras, sino que existe –a pesar de los oscuros pudores de la academia– la ambición de dar cuenta de todas ellas, de la “a” a la “zeta”.

Y en las palabras “combinatoria” “mezclar” y “reordenar” encuentro al duende de la proposición de Calvino que me parece la antítesis de la visión habitual que se tiene del orden inmóvil de una enciclopedia o de una biblioteca; me parece que alude al movimiento (“donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”), a la libertad de lectura, interpretación, reescritura que tenemos, es decir de acción creativa sobre lo ya hecho, lo vivido y lo que pensamos que somos y que son las cosas.

Esa libertad que desprendo de las palabras de Calvino, es cierto que aparece dentro de una formulación que pende de una pregunta y de unas metáforas. Y es cierto además que el escrito –todo el libro– es una reflexión que se sustenta en la literatura.

¿Pero, qué es la literatura, sino un afán por atrapar, afirmar, recrear y gozar la vida?

Me gusta pensar que Calvino al final nos propone mirar nuestras vidas como un espacio inconmensurable por su capacidad de conexión, donde lo que olvidamos, omitimos, ocultamos y editamos, así como lo que recordamos, imaginamos, agrandamos, reordenamos y creamos, todo, sin excepción, es al final nuestra mayor riqueza, es decir, nuestra posibilidad de apropiarnos de lo vivido, de nosotros mismos en el presente y en plena libertad, al menos cuando escribimos.

Me gusta pensar que el sentido de la cita de Calvino es finalmente una invitación a reapoderarnos con pasión de todo cuanto podamos recordar, imaginar, mezclar o reordenar, liberados de inquietantes pudores y añejas lealtades, para seguir viviendo y reviviendo, en la escritura, hasta que estemos ciertos en nuestro fuero interno, de honrar aquello que ya no podemos atrapar pero que nos constituye.

Me gusta en la cita el poder de la pregunta, “¿Qué somos, qué es cada uno de nosotros (…)?” , porque es la forma más justa y bella de mantener el sentimiento abismal y a la vez de cercanía que nos produce mirar aquello que somos y que han sido nuestras vidas.

Por eso, me sirvo de esta cita, en primer lugar, para celebrar las fabulosas creaciones que han surgido este año en el taller, que siempre son citas del pasado, y del futuro, pero citas al fin de lo que somos en tanto seres creativos, constituidos también por unos hechos que están en nuestra memoria como fragmentos, luces o sombras.

Y en segundo lugar, para compartir y animar algo de esta práctica, leve y poderosa que es la escritura, cuando se realiza como un ejercicio de nuestra libertad.

 

 

Qué amable y acogedor este espacio que todavía huele a pintura fresca. Me gusta ese verde que invita a una lectura sosegada, a permanecer. Me encanta el nombre, taller de la calle, calle del taller, con sus adoquines donde resuenan los pasos del que avanza escribiendo. Esto promete mucho. Felicitaciones! Ventura!

 

tan bella escritura...me inspira y recrea

Saludos

un psiquiatra amigo y escritor, me dijo hace 10 años.."escribe"...sólo lo hago a través del blog, por ahora...algo es algo....

Saludos

Querida Vero

Que bueno ver que estos va tomando forma, de a poco y entre muchos iremos poblando este espacio que nos regalas.

Abrazos y Felicitaciones,

Homero

Querida Verónica

bienvenida al mundo del bloggeo. Más personas podrán conocerte y menos perderse a La Verónica Ruiz.

Qué bueno que hayas abierto este espacio de generosidad con los mortales necesitados de sensibilidad, creación y poesía.

Un abrazo apretado 

 

Me encanta poder acercarme atus producciones desde el otro lado del Atlántico. Poder observar tu taller de la calle, desde esta ciudad global en la que estamos inmersos.

Te mando un abrazo, quizá más adelante algun texto.

G.

 

una gallina en la cartera, qué buena, todos llevamos una, ¿no?

 

a mi me pasó lo mismo hace unos añitos, descubrí el gran matacuco que es bloggear

 

arma de propósitos generales, mata muuuchos cucos de una buena vez

 

me suscribo a tu blog para tenerte presente, Verónica Ruiz, hallazo fantástico de 2009

 

amor públicamente declarado

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