“Dicen que finjo o miento
Cuando escribo.
No. Yo simplemente siento
Con la imaginación:
No uso el corazón”
Fernando Pessoa
Ser auténtico es ser uno, nos indica la tradición católica, porque el alma “es una e indivisible”.
Si, a partir de este mandato social, entramos en la obra de Fernando Pessoa, experimentaremos un fabuloso asombro liberador.
Quizás sea esa la razón por la cual se afirma que Fernando Pessoa “Poeta y pensador del noveciento portugués, es uno de los más altos valores del patrimonio literario universal; figura esquiva pero emblemática (…) pura y simplemente un paradigma del siglo XX.”
Fernando Pessoa es el creador de los famosos heterónimos, un sistema, más que un conjunto, de voces y miradas, una obra plural, una polifonía gracias a los caracteres completos y singulares que creó en Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Coelho Pacheco, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y cuantos más haya habido y vaya a haber.
Heteronimia quiere decir literalmente diversidad de nombres.
Heterónimos son los diversos nombres de los autores que creó Pessoa.
Si la galería de “personas” (máscaras) que creó -no como partes de una novela u obra teatral, sino como autores imaginarios que desarrollaron, cada uno por su cuenta, una obra, una visión de mundo, una voz, e incluso una misteriosa identidad pública al participar en periódicos y revistas en torno a diversos temas, intercambiando cartas y, sobre todo, conversando sobre literatura (Pessoa se refiere a la obra de Soares, Reis critica la de Caeiro, etc.)-, nos invita a reconsiderar el fenómeno de la unicidad o multiplicidad del alma como posibilidades legítimas dentro del ámbito de la expresión artística; el caso particular de El LIBRO DEL DESASOSIEGO (El Acantilado, Barcelona, 2002), escrito por el heterónimo, Bernardo Soares, nos ofrece la ocasión de asomarnos a la profundidad, vastedad y coherencia de una de esas narrativas personales, además de apreciar un grandioso logro creativo del fenómeno estudiado por la psicología, la “despersonalización”.
Fernando Pessoa, tras la máscara de Bernardo Soares, trabajó en El libro del desasosiego durante toda su vida.
Bernardo Soares, un ayudante de tenedor de libros de contabilidad en la ciudad de Lisboa, quien, según el mismo Pessoa, es “un semi-heterónimo, porque, no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella”, constituye uno de los caminos más directos hacia la poética pessoana.
Es difícil dar cuenta, en una sola nota, de este portento maravilloso.
Queda abierta la invitación a ir agregando hallazgos, datos y citas sobre la obra de Pessoa que alivien el hambre que su honda significación puede provocar.
Una cita de El libro del desasosiego, para TALLER DE LA CALLE:
“La ventana del cuarto donde voy a dormir da al campo abierto, a un campo indefinido, que es todos los campos, a la gran noche vagamente estrellada donde una brisa que no se oye se siente. Sentado a la ventana, contemplo con los sentidos esta insignificancia de la vida universal que está allá afuera. La hora se armoniza con una sensación inquieta, desde la invisibilidad visible hasta la madera vagamente rugosa con la pintura vieja levantada del alféizar blanquecino sobre el que se extiende apoyándose de lado mi mano izquierda.
¡Pero, a pesar de todo, cuántas veces no suspiro visualmente por esta paz de donde casi huiría ahora, si fuera fácil o decente! ¡Cuántas veces me parece creer que la paz, la prosa, lo definitivo, antes estarían aquí, entre las cosas naturales, que allí donde el mantel de la civilización hace olvidar el pino ya pintado sobre el que reposa! Y ahora, aquí, sintiéndome sano, agradablemente cansado, estoy intranquilo, estoy preso, estoy saudoso.
No sé si es sólo a mí a quien acontece, si a todos los que la civilización hizo nacer por segunda vez. Pero creo que para mí, o para los que sienten como yo, lo artificial pasó a ser natural, y es lo natural lo que parece extraño. O mejor dicho: lo artificial no pasó a ser natural; lo natural pasó a ser diferente. Evito y detesto los vehículos, evito y detesto los productos de la ciencia –teléfonos, telégrafos- que hacen la vida más fácil, o los subproductos de la fantasía –gramófonos, receptores hertzianos- que parecen entretenidos a quienes entretienen.
Nada de eso me interesa, nada de eso deseo. Pero amo el Tajo porque hay una gran ciudad en sus orillas. Disfruto del cielo porque lo veo desde un cuarto piso de una calle de la Baixa. Nada me puede dar el campo o la naturaleza que valga la majestad irregular de la ciudad tranquila, a la luz de la luna, vista desde Graça o São Pedro de Alcântara. No existen para mí flores como, a las luz del sol, el variadísimo colorido de Lisboa.
La belleza de un cuerpo desnudo sólo la sienten las razas desnudas. El pudor es sobre todo para la sensualidad lo que el obstáculo para la energía.
La artificiosidad es la manera de disfrutar de la naturalidad. Lo que disfruté de estos extensos campos, lo disfruté porque no vivo aquí. No siente la libertad aquel que no vivió nunca oprimido.
La civilización es una educación de la naturaleza. Lo artificial es el camino para una apreciación de lo natural.
Lo que hay
que hacer, sin embargo, es no tomar nunca lo artificial por natural.
Es en la armonía entre lo natural y lo artificial en lo que consiste la
naturalidad del alma humana superior.”


Más querida Verónica, nunca olvido mi paso por tu taller. Ya en Narnia supe de nuestros gustos en común, pessoa, entre muchos otros,¿verdad? Fue un agrado toparme con el escrito sobre él.
El nombre de tu blog: "taller de la calle", me recordó una frase de Piglia: "Nada destruye tan rápido a un escritor como una conciencia artística demasiado elevada". ¿Qué opinas al respecto?
Ahora la Clarice: Escribo porque no tengo (no encuentro) nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo. Y si no existiera la rutina continua de escribir, me moriría simbolicamente todos los días. oh!, eres mi mujer intransable, Clarice Lispector. Un ejemplo.
Buenas noches. Buenos textos. Buen licor.
Y como estamos con el idioma portuguez en la cabeza, escucho a la Amalia Rodriguez: Meu fado. Luego me voy a ir Julio Sosa y Malena, por Piglia, digo.
La tristeza hecha canción.
Para una noche de viernes, ¿será un exceso?
y dónde realizas tus talleres? ¿quiénes pueden asistir? Me gustaría participar en uno
Saludos
Ignacio
¡Eres muy bienvenido!
Todos los que quieran participar, pueden.
Suelo hacer una entrevista previa para intercambiar información y entregar un programa impreso a quienes se matriculan.
Pronto te doy más detalles.
Gracias y saludos!
...seguiré mis instintos....seguiré el consejo de un amigo psiquiatra y escritor....hace 12 años me dijo que debería escribir...escribir...pero hasta ahora no le he hecho caso...nunca es tarde para cambiar
Saludos
Hola Ignacio, escribir es una aventura maravillosa que mantenemos cautiva...
Un sistema de creencias nos hace imaginarla como un paraíso del que estamos excluídos...
Nada más absurdo, porque está dentro de nosotros.
Hago un taller para profesionales en INDIGO que me imagino puede servirte. Puedes comenzar por solicitar información allá al 3265787.
Hasta pronto,
V.
Para aprender, también en forma paralela o más bien subyacente, debemos desaprender; el primer paso para ello es cuestionar, sacudir nuestras creencias anquilosadas.
Llamé y me dijeron que en marzo comienza el taller, una vez a la semana
Nos vemos
IJP