Taller de la Calle

Glamurizar I

Mi amigo Mario Valdivia  observador tenaz de lo humano, de quien aprendo siempre, me dijo: “tu taller no es de desarrollo personal a través de la escritura. Eso supondría que hay algo que desarrollar, como un músculo atrofiado. Tú generas un contexto para crear (a través de la escritura) identidad. Los seres humanos sobre todo creamos identidad, porque de lo “nada nuevo” que reeditamos cada día con nuestra pareja y nuestros compañeros de trabajo podemos transitar, de la mano de los creadores universales, a salir del tedio, a crear, a glamurizar nuestras vidas, a contagiarnos de entusiasmo y contagiar a quienes nos rodean.

Generoso mi amigo y sorprendente su observación ¿Qué quieres decir con glamurizar?, le pregunté. Fue una larga conversación.

No somos sólo cuerpo, ni menos una retahila de hechos, somos, sobre todo, una palabra que pasa por un cuerpo, como dijo Roland Barthes al explicar qué es un estilo, una palabra que creamos y que ofrecemos para despertar en el otro una conmoción que vuelve a nosotros en un vaivén.

 

Para mostrar en mi taller la idea de que creamos permanentemente nuestra identidad y nuestras posibilidades a partir de los cuentos que nos contamos, que contamos y que nos cuentan, muestro como ejemplo la historia de una “replicante” que aparece en la película Blade Runner, un clásico del cine. 

Los replicantes son humanoides –imitación humana casi perfecta–, que no tienen memoria, a quienes han tenido que cargarles el chip con datos biográficos para que…puedan emocionar(se), para que tengan un rango aceptable de identidad, de inteligencia emocional, para que sean más poderosos. 

La replicante, muy hermosa por cierto, cuenta con candoroso encanto, y con trasfondo de música de Vangelis, el pequeño cuento que tiene sobre su vida. Ella le muestra al humano (Harrison Ford), que es un cazador de replicantes, como prueba de su humanidad unas pocas fotografías donde, supuestamente, aparece de niña. Él se conmueve con esa palabra que pasa por ese cuerpo, y finalmente, tras un largo periplo, deserta de la misión que se le ha encomendado…por amor, y huyen (uno supone que hacia un mundo donde lo imposible es posible).

 Con la historia de la replicante quiero mostrarles que en realidad nosotros también tenemos una memoria muy leve que prueba quiénes somos (fotos, certificados, testigos…); y que es mucho más potente la fuerza con que creemos quiénes somos que las pruebas que tenemos para afirmarlo; que, finalmente, con esa fuerza somos capaces cada día de declarar “este soy yo”, de crear, a partir de esa creencia, mil formas de ser en las mil contingencias en las que nos ponemos a prueba y, desde luego, crear, glamurizando, quiénes somos en los mil intercambios con otros que nos visten y propulsan a mil otras contingencias. Porque somos creadores de realidad a partir de nuestra principal capacidad: comunicarnos, contarnos cuentos para entrar en resonancia con nosotros mismos y con otros.

 

 

Hola Vero....si, ciertamente debía leer el artículo...me gustó mucho....cuando hablas de la palabra, de crear realidades al momento de comunicarnos...de estar tan vivos como la palabra y la comunicación, procesos que ayudan a abrir puertas para conocer el mundo, a nosotros y a los otros, toda una maraña, una red de redes, una capacidad humana indiscutible...eso somos...seres con capacidad para entrecruzarnos con los otros...quién dijo que no nos importaban las personas...algunas vez dejamos de sentir o de estar separados de nuestra emociones?... 

 

La palabra es justamente como la describes y logra un roll profundo en nuestras vidas...

 

Sobre los replicantes...:)...no logro aún entender bien la idea...

Un abrazo Vero!!!

 

Algo pasó en el ciberespacio, se perdió mi comentario anterior...

En resumen, lo que quería decir es que quien no galmuriza no existe.

Se ve en la naturaleza. Tanto animales como plantes debes glamurizarse para lograr sobrevivir y reproducirse. Deben llamar la atención y sobresalir para ser elegidos. Quien mejor lo hace logra sobrevivir.

Entre lo humanos no es distinto, ¿de que sirve una vida bien vivida si nadie es testigo?, lo importante son las influencias las relaciones, los flujos que nos relacionan unos con otros. Pero si no glamurizo, nadie me conoce y si nadie me conoce no me relaciono y por tanto no existo.

Glamurizar es vital, ¿o no?

Me llegó este parrafo que es de Nabokov (aunto de Lolita)

Que creo que tiene mucha relación con esto de Glamurizar, con contar cuentos creo yo...

“la literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle de neanderthal (o cualquier otro) gritando ¡…el lobo, el lobo!, con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando ¡…el lobo, el lobo!! sin que le
persiguiera ningún lobo“

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