Miro de reojo la televisión muda, mientras improviso algunas notas sobre el taller que hicimos con mis alumnos avanzados, en invierno, a mujeres de la población marginal La Legua. Duele ese calificativo, pero, digámoslo sin anestesia: en el Chile del siglo XXI, La Legua, una población histórica, de quince mil (15.000) habitantes, vive en el margen.
Nos reunimos al alero de la capilla San Cayetano. El párroco, un cura obrero belga, Gerard Ouisse, residente en Chile desde hace veintidós años, nos recibió siempre con entusiasmo, a pesar de la balacera de la noche anterior (“No puedo intervenir así no más, ellos todavía me respetan, pero la pared del fondo está llena de agujeros de balas”).
Nuestro propósito es colaborar con la escritura en un programa de desarrollo humano que esta vez tiene un objetivo claro, hacer un libro de memorias de La legua, en el marco de las celebraciones por los sesenta años de vida de la parroquia. Le he contado a Gerard acerca de la metodología del taller. Me interesa saber qué espera de nosotros. Nos alienta a trabajar libremente, porque ellas, dice, necesitan un espacio sanador de libertad, necesitan ser escuchadas y valoradas, han sufrido mucho y nunca han dejado de luchar por sus familias, han pasado de la violencia de la dictadura militar, que intervino brutalmente aquí, a la dictadura del narcotráfico.
Le pido que me hable sobre La legua y la parroquia San Cayetano. La población nació hace más de sesenta años, cuando los mineros del norte, cesantes del salitre, llegaron a Santiago. Esa fue La Legua Vieja. Luego se creó el sector Emergencia, creado por los militares. Se le llamó así porque las viviendas eran mediaguas, “de emergencia” adonde llevaron familias que vivían en conventillos, por seis meses dijeron y llevan cincuenta años. Luego se levantó el sector Industria. Han sabido hacerle frente a la pobreza, supieron oponerse a Pinochet, pero no han podido con la dictadura de la droga. La pobreza, la cesantía, en una sociedad de consumo, son condiciones perfectas para que el narco haga su entrada aquí. Las familias, que no ven salida, terminan guardando droga, vendiéndola. ¿Más cárceles, más policía?…Falta de imaginación, de compasión. Sólo el amor puede crear las condiciones para sacar a la gente de la miseria. Educación adaptada a la realidad de La legua porque ya hay niños burreros, que portan armas, esos niños no pueden ir a una escuela común. Es un trabajo de veinte años al menos. Educación, vivienda digna -no un espacio de tres metros de ancho por ocho de largo, sin luz-, empleo digno, son necesidades básicas y urgentes. ¿Qué conocen los chilenos sobre La Legua? Poco y malo. La prensa estigmatiza, busca la noticia espectacular, lo escabroso, lo violento, eso vende. La prensa no muestra los conciertos de música, el carnaval, los festivales de pintura y teatro, las comunidades sociales, la solidaridad de otros que vienen a La Legua. Lamentablemente no se muestra que esta es una comunidad alegre, solidaria, dinámica, creativa, comprometida con una búsqueda permanente para salir adelante. ¿Qué es el amor como herramienta? Amor es buscar dignidad y justicia para todos. ¿Cómo podemos contribuir desde el taller? Puede ser una forma de enfrentar un problema muy grande que tenemos, que es la desvinculación tremenda entre los distintos sectores de nuestra sociedad, puede ser una forma de traspasar unos muros que son odios, temores, muros que no se mueven solamente con programas gubernamentales. La miseria y la indignidad son un problema cultural que afecta a todo el país. Que las mujeres puedan dejar testimonio de sus experiencias y que éstas puedan ser escuchadas por otros sectores, eso es un gran aporte.
En la pantalla, París, a fines del siglo XIX, cuando no existía el impuesto a la renta, las bailarinas del Moulin Rouge hacen piruetas y muestran sus calzones repolludos, los famosos pasean y se retratan en las calles mientras Europa avanza hacia la guerra.
Márgenes… Para Gerard Ouisse lo más efectivo es crear puentes, conectar mundos, sacar a los ricos de su indolencia que es puro miedo; mostrar la riqueza y la sabiduría de los pobres, tan necesaria para la sociedad de hoy. Los cambios culturales pueden producirse como el huracán que comienza con el batir de alas de una mariposa. Un sentido de esperanza, de urgencia y una reserva respecto a los mecanismos tradicionales de la política hacen que los emprendimientos individuales encuentren en La Legua un apoyo sencillo y eficaz. Eso es lo que recibimos y lo que aprovechamos con pasión.
Tengo los quince cuadernos escritos por esas mujeres. Avanzamos en la tarea de edición hasta que salga el libro.
Pero se me cuela el recuerdo de la Checha, una de las pobladoras que más concentró su escritura en nombrar la pobreza con palabras sencillas, “Con mis hermanos, cuando niños, pedíamos pancito duro. Era triste recibir el portazo”, “De mi primer trabajo, yo era jovencita, me llevaba las bolsitas de té para el remojo”, “Si mi mamá estuviera viva…”
Ella expresaba sin resentimiento, hasta con ternura, un motivo incómodo, implacable: el hambre.
Recuerdo que cuando leía sus escritos se hacía un silencio especial, casi todas las mujeres tenían los ojos húmedos. Curiosamente, la ternura de sus palabras nos protegía de la violencia.
La sombra del narco, el terror, el abuso, la ira se expresaron en varios otros escritos provocando parpadeos nerviosos, ceños apretados y hasta una risa loca por ahí. Motivos espectaculares, sustancia de películas y novelas. Pero el hambre de la Checha, una mujer guapa, inteligente y buena…trabajar desde niña hasta vieja y no ganar para comer, vivir de las sobras de otros, en el Chile del siglo XXI, deshacía los ojos, llevaba la mano a la boca, sonaba a locura, a no saber sacar las nueces como el gato; daba vergüenza, no tenía nada heroico, daban ganas de patear las sillas. El hambre, en este país de mantel blanco y estómago pegado a la espalda, se esconde.
La Checha nos abrió su fragilidad, habló de un destino que se repite una y otra vez, un laberinto del que no se puede salir sola, sin la colaboración de otros. “Una verdadera psicosis –leyó estremecida–, que vivo a diario cuando tengo que contar y recontar las raciones para mis hijos, nietos y bisnietos”.
Hambre que resuena con otras hambres de otros sectores (marcas, cirugías, viajes o lo que sea), sectores que se marginan y se envenenan también por excesos, tampoco elegidos conscientemente. Desvinculación, disociación, desintegración…no son cualidades de una sociedad desarrollada.
Terminamos el taller con mucha alegría. Nos sentamos en círculo y escuchamos los testimonios sobre lo que había sido la experiencia del taller. Ni una se guardó, todas compartieron con entusiasmo. Fui dando reflejos a cada una para subrayar el propósito que nos habíamos planteado: llevar la escritura como herramienta de liberación a otros grupos, crear puentes.
“Es como mi verdadero descanso, en la noche”. Bien, la escritura como espacio propio, para salir del ajetreo diario. “Cuando empezamos yo lloraba cuando escribía, era un desahogo, sí, pero ahora también recuerdo momentos felices y me siento orgullosa de lo que hemos hecho”. Excelente, la escritura como clarificación. “Yo pensaba que me había olvidado de todo, pero es como tirar un hilo, empieza a salir y no para nunca”. Fantástico, la escritura como viaje en el tiempo y el espacio (hay sonrisas). “Cuando les leo a mis hijos y a mi marido, se quedan con la boca abierta, me abrazan, me felicitan”. Muy bien, podemos ser muy poderosos cuando escribimos y nos contagiamos de admiración y buena onda. Entonces, la escritura como registro, reflejo, memoria; como meditación diaria; como disciplina personal y grupal. La escritura como espejo del alma; como goce y juego; como ejercicio de desvergüenza, aceptación y liberación; como expresión de algo que nos comunica y une, que derriba las barreras. Y termino agregando, nunca lo olviden, la escritura como afirmación de la autoría libre que no es patrimonio de algunos pocos, es de todos.
La voz de la Checha aún resuena en mí, certera: “Una verdadera psicosis”, “No se puede salir sola”. Pienso en el poder conspirador de escribir juntas, de desafiarnos con la fabricación de un libro, de escribir esta nota. Pienso en los jóvenes, los niños que recibirán el taller a través de esas mujeres macanudas. Tengo la esperanza de que se animarán a escribir sobre sus hambres y sus riquezas, que se darán cuenta de que pueden (y deben) también ser un aporte para que nuestro país, que se ufana de sus valores humanistas, pueda levantar la cara sin mala conciencia. Tengo a la Checha metida en el corazón. Me contagio de su "psicosis", de su capacidad de salir de ella, de su esperanza y su poder de ser escuchada.
En la pantalla muda ahora hay un cocinero japonés que enseña a cocinar delicias simples... Imagino que a esta misma hora ella está organizando las raciones de comida y los turnos para ocupar la mesa.
relato.... gracias por la historia... que no se sabe.
Me alegra mucho con tu comentario, Guillermo.
Puedes agregar tus propias impresiones, de eso se trata en un espacio abierto como éste, verdad?
Así vamos escribiendo con más y más fuerza.
Un abrazo y buen día!
V.
aunque no comulgo con el psicoanálisis dada su visión reduccionista del ser humano, reconozco que fue como rayo que produjo un punto de quiebre con la filosofía. Freud a través de la hipnosis logró remisión momentánea de los síntomas y de nació la idea de la palabra como curadora del "alma". Aunque el mapa no es el territorio, aunque el nombre no es la cosa nombrada, es lo más cercano que tenemos para comunicar la experiencia.
Escribir y comunicarse está más allá de cualquier consideración de clases sociales y educación "formal". Que alegría ver como a través de la palabra la Checha y otras Chechas, pueden curar en algo sus heridas, aunque eso no justifica que un país con piel de tigre exista el hambre. No puede ser.
Gracias por compartir el bello trabajo que haces con los demás en tus talleres.
Ignacio
Hola Ignacio,
el poder curador de la palabra en psicología del que nos cuentas...es potente, gracias!
Me impacta lo que se desprende sobre nuestra necesidad de comunicar nuestra experiencia.
Pienso en las personas que se resignan (en una lenta caída, una inercia, sin ofrecer resitencia, sin aletear) a NO hacerlo. Personas pobres y ricas que pasan por la vida y se dedican a fermentar en silencio.
Y no sólo pienso en ellas, sino en el efecto que provocan, con más o menos conscienca, en su entorno...Esa responsabilidad que casi siempre va vestida de victimismo y acusación porque no se asume como creación propia.
La Checha, al escribir, al compartirse, crea otra vez sobre su identidad, tiene una vivencia de su autoría y además se lleva su cuaderno, sus palabras escritas que puede leer en otro momento, dar a leer a sus hijos y nietos.
Lo que me impacta del hambre, no es tanto que exista (por lo demás de muchas formas), en este país con piel de tigre, como dices, sino que además esté prohibido hablar de ello, ¡carajo!, que provoque vergüenza.
Eso me impresiona, me espanta (nuevamente Martí, ver Amor de ciudad grande) porque debe ser ancestral y habla de distintas formas de vivir: en comunidad y solidaridad o en competencia y parasitismo.
¿Qué pasa cuando una persona supera su vergüenza y comparte su fragilidad?
Provoca una sanación imediata en el grupo. Todos podrían levantar la mano y decir "yo también tengo un hambre" y hablar. Porque no somos sólo estómagos!
Entre nosotros hay hambre, hay hipocresía y arrogancia. Hay soledades.
Pero están las Chechas queridas que nos enseñan (de la violencia con ternura) que, a pesar de todo, la vida es más poderosa y que vale la pena vivirla a concho y sin vegüenza.
Gracias Ignacio!
Varias reflexiones sobre tus profundas reflexiones.....
La mirada el eneagrama me ha permitido entender esto de la verguenza (sorry mi teclado "no anda") en el sentido que el eneatipo 3 es la persona que busca ser reconocida, la que le motiva el éxito, pero que esconde sus emociones, que anda con máscaras y caretas, que tiene plasticidad cognitiva y emotiva pero con un fin utilitario (no es honesta y transparente, no es coherente). Naranjo cuando se refiere a los eneatipos habla de motivaciones deficitarias - vinculadas también con los pecados, entendidos como limitaciones para crecer- y en el caso del 3 es el pecado de la vanidad. La motivación del 3 es el ser aceptado y su temor es el rechazo por parte de los demás, de ahí su "insistencia" en lograr la meta a cualquier costo.
Por otra parte al eneatipo 2 lo motiva el ser querido por los demás...y aquí lo vinculo con lo que dices sobre la "prohibición de hablar". Nuestra gente, los chilenos tenemos gran necesidad de ser queridos, acariciados, amados y queridos por los otros, pero nos da verguenza aceptar esto, reconocer esta necesidad. Es fácil mostrarse duro y con máscaras (persona) que deja fluir las emociones. La gente se siente sola...de ahí los facebooks, los chats y, porque no decir, los bligoos...las famosas redes sociales. ¿Me explico? (que no es lo mismo que preguntar "¿me entiendes?)
En relación al paso por la vida y la resignación, Coco Legrand dice que la mayoría de las personas "comen, obran- por no decir c...- y duermen", pero 0 sinapsis. Esta frase no tiene para nada un sentido darwinista, es un tema cultural, es la educación que defiende el status quo
Al compartir la fragilidad y las emociones sin duda que libera, pero no es fácil encontrar los espacios...las PERSONAS lo ven como debilidad y te agreden...pero aún así es posible. Por ejemplo, este espacio, este blog, lo permite y estimula a ello.
Valiente la Checha. Perdonando la expresión - así como en relación a un hombre con coraje se dice "que tiene huevos" - tiene bien puestos los ovarios la señora.
Gracias a ti
Saludos
IJP