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<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 14:52:23 -0300</pubDate>
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<title>Comentario a la novela Motor de búsqueda, de Mario Valdivia</title>
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<pubDate>Tue, 14 Sep 2010 22:43:54 -0400</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p><img style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" alt="1284516524613-viewer.png" src="/media/users/4/223035/images/public/24273/1284516524613-viewer.png?v=1284516711062" /></p>
<p><span style="font-size: 10pt;"><b>Escr&uacute;pulos, crep&uacute;sculos, sepulcros, o cuando las
palabras son objetos</b></span></p>
<p><span style="font-size: 10pt;">L</span>a novela <b>Motor de b&uacute;squeda</b>, de Mario Valdivia, es
una oportunidad para observarnos desde nuestro hablar, desde nuestros diversos
hablares chilenos. Eso lo hace un viaje apasionante por el lenguaje, una obra
universal, desde lo local. Un lenguaje ordenado por la sintaxis, como todos los
hablares, circunscrito en una &eacute;poca y una geograf&iacute;a chilenos muy importantes, pero
en su fondo abismal, ca&oacute;tico, alucinado, cruzado por mil emociones, humano. </p>
<p>Tras su lectura
nos queda un sentimiento parecido a lo que sentimos cuando un mimo nos sigue en
una calle del centro sin que nos demos cuenta, hasta que el p&uacute;blico r&iacute;e, y
nuestro m&aacute;s m&iacute;nimo gesto es incorporado al espect&aacute;culo de ilusi&oacute;n que nos
envuelve.</p>
<p>Un friso de Chile
entre los a&ntilde;os 70, 80, por lo menos. O desde la germinaci&oacute;n de las utop&iacute;as,
ideolog&iacute;as, militancias, pasando por el quiebre feroz del dictadura y hasta la
actual democracia. Un friso que nos registra, nos refleja y nos revela en
nuestra construcci&oacute;n de identidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trat&aacute;ndose el m&iacute;o
de un comentario no acad&eacute;mico, y alentada por la estructura no convencional de
la novela que provoca la imagen de &ldquo;una esfera cuya circunferencia est&aacute; en
todos lados y el centro en ninguno&rdquo;, me parece plausible destacar un solo
aspecto que es la funci&oacute;n de <i>accesorio</i>
que tienen algunos <i>objetos</i> y su
impacto en el mensaje de la obra y en la resonancia que se produce entre &eacute;l y
el lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estos objetos
tienen un poder m&aacute;s grande y espec&iacute;fico que el puro complemento o el adorno. Tienen
la capacidad de transformar, fijar y realzar circunstancialmente el car&aacute;cter de
una pieza principal, abrigo, mueble, escena u otra. </p>
<p>Por ello es que,
a pesar de encontrarlos situados en un tramo espec&iacute;fico de la novela, estos
objetos accesorio pueden moverse, ponerse, proyectarse sobre otros tramos y
sobre la novela en su conjunto, provocando el efecto de significar y
significarse de distintos modos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Armas de destrucci&oacute;n, el rev&eacute;s del objeto deseado</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el <span style="text-decoration: underline;">cap&iacute;tulo
5</span> aparecen las armas de destrucci&oacute;n. Quien las menciona es un exc&eacute;ntrico
personaje, un militar, ex funcionario de la polic&iacute;a secreta de la dictadura de
Pinochet que ha logrado zafarse de la justicia y sobrevivir en la
invisibilidad. Desde su particular perspectiva este observador sigue las
motivaciones de la sociedad democratizada y con la lente de un resentimiento
resignado que colinda con el realismo c&iacute;nico, nos piensa y nos hace hablar
desde nuestras llagas. </p>
<p>Si bien es cierto
que en su mon&oacute;logo sobre el estado general de las cosas la referencia a las
armas de destrucci&oacute;n, que son los autom&oacute;viles, es solo un bot&oacute;n de muestra, y
que adem&aacute;s, como es propio del discurso paranoide, tiene la extra&ntilde;a lucidez de
la generalizaci&oacute;n cuando habla de &ldquo;la sistem&aacute;tica
carnicer&iacute;a que resulta necesaria para que <i>todos</i>
puedan viajar con eficiencia y comodidad haciendo uso pleno de su libertad
personal para desplazarse individualmente adonde se les de la gana cuando se
les de la gana.&rdquo;, declaraci&oacute;n que el lector aprovecha para incluir en la
categor&iacute;a aludida a cualquier modelo y cualquier usuario, es innegable que lo
dicho apunta a los autos de aquellos que en verdad pueden ir ad&oacute;nde y
cu&aacute;ndo se les antoje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se trata de uno
de los m&aacute;s irritantes mon&oacute;logos del libro puesto que, aunque su funci&oacute;n es dar
cuenta del pasado de uno de los dos protagonistas principales, Luis, el intachable
m&eacute;dico psiquiatra que colabor&oacute; en el refinamiento de los m&eacute;todos de tortura,
liberado de la expectativa de la libertad, dispara contra todos y
particularmente sobre &ldquo;la gran masa compadecida que quiere sentirse justa,
buena y pac&iacute;fica, que quiere pretextar ignorancia.&rdquo; (&hellip;), sobre aquellos que
encarnan esa posici&oacute;n que, &ldquo;M&aacute;s que hipocres&iacute;a, es m&aacute;s bien una insensibilidad
ciega que no puede asirse.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, los autos de
este tipo de gente suelen ser s&oacute;lidos y de <i>altura</i>,
de hecho cuesta subirse en ellos. Generalmente tienen vidrios polarizados, son
amplias naves <i>full</i> equipadas, hechas
para transportar a una familia numerosa en sus viajes de <i>weekend</i>. Son autos blindados que gastan mucho combustible y que la
mayor&iacute;a de sus d&iacute;as transportan a una solitaria mujer que en su interior,
vistiendo adem&aacute;s gafas negras, pelo y cuerpo esculpidos, parece hablar sola
cuando se comunica a trav&eacute;s de su celular de <i>manos libres</i>. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estas especies de
tanques se compran para no morir arrollados y para no morir matando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son objetos que
visten de glamur a la persona de buena conciencia, pero que al mismo tiempo la
envuelven en el oscuro juego de la violencia y la indolencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Pero
la mugre y la porquer&iacute;a en las que todo se sustenta no se quedan quietas.
Obligan a esfuerzos denodados a estas buenas almas de Dios para disimularlas
mediante su industria del recubrimiento y empaquetado, o bien para endilg&aacute;rselas
a otros, los otros distintos, de intenciones aviesas, evidentemente enfermos. (&hellip;)
Las carreteras no pueden ocultar la sistem&aacute;tica carnicer&iacute;a que resulta
necesaria para que todos puedan viajar con eficiencia y comodidad haciendo uso
pleno de su libertad personal para desplazarse individualmente adonde se les de
la gana cuando se les de la gana. Hay tanta sangre humana seca en cada metro
cuadrado de autopista bajo los neum&aacute;ticos de autom&oacute;viles que circulan repletos
de familias inundadas de gracia divina y santas absoluciones, como la que hay
en cualquier matadero.&nbsp;Una peque&ntilde;a pistola puede escandalizar a estas
almas que se niegan a considerar a su autom&oacute;vil como el arma de destrucci&oacute;n, si
no masiva, cuando menos multitudinaria, que es.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estos autos son
arrojados en la autopista de la novela y gatillan en el lector la fantas&iacute;a que
contiene tambi&eacute;n el cintur&oacute;n de seguridad. Aunque usado con aplicaci&oacute;n
ben&eacute;vola, la fantas&iacute;a en su sombra contiene una escena de p&aacute;nico, el accidente,
el suceso funesto que nadie en su <i>sano
juicio</i> proyecta de verdad al salir de paseo, y que termina en su extremo
con la muerte que marca nuestros cotidianos.<a href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como sobre un
flamante traje de lino, el accesorio transforma la conciencia de &ldquo;las familias
inundadas de gracia divina y santas absoluciones (&hellip;)&rdquo; en una disposici&oacute;n a
matar para no morir, tras cuya inocente mirada encontramos la mente pragm&aacute;tica
e indolente del psic&oacute;pata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fuerza de este
accesorio de brillo fulgente, produce oscuridad en la escena, un silencio
completo en el p&aacute;rrafo y un murmullo tenso sobre la novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que Mario
Valdivia utiliza este y otros objetos que, no constituyendo el eje central de
la tem&aacute;tica, logran hacernos atisbar, m&aacute;s all&aacute; de nuestros escr&uacute;pulos, y de
nuestros sepulcros, el entumecimiento que nos provoca algo que no queremos
mirar de frente, ni con el compromiso que requiere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El auto,
accesorio predilecto de los fines de semana en Chile y en el mundo, transforma
la pretendida inocencia en disposici&oacute;n a matar y, en su defecto, a morir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Motor de b&uacute;squeda</b> nos lanza esta presa cruda sobre el mantel lavado
de nuestras pretensiones, a trav&eacute;s de las afirmaciones y los juicios de un
personaje paranoico, del que podemos en principio desmarcarnos. Pero al cabo de
un tiempo, como una bacteria, puede hacer un excelente trabajo, siempre que se
encuentre en un contexto adecuado, h&uacute;medo, dicen los cient&iacute;ficos, y con
capacidad de asombro y honestidad, podemos agregar, como le ocurrir&iacute;a a un ni&ntilde;o
que se <i>muere de ganas</i> de salir de
paseo pero que al ver a su padre hipnotizado frente al noticiero dice:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, pap&aacute;,
&iquest;qu&eacute; hacemos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Pa&ntilde;itos a crochet, lo sublime del objeto
despreciado</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el <span style="text-decoration: underline;">cap&iacute;tulo
15</span> aparecen los pa&ntilde;itos a crochet. Son peque&ntilde;as piezas tejidas por mujeres,
como dice la personaja, &ldquo;para evitar que los objetos
puestos sobre las mesas se vieran demasiado abandonados, y tambi&eacute;n para que no
rayaran el barniz&rdquo;. Artesan&iacute;as hechas por manos cari&ntilde;osas de madres y
abuelas, para aliviar el tedio de la vida femenina y para ser desechadas o
escondidas con verg&uuml;enza por los herederos promovidos que ahora adornan sus
casas con fibras <i>made in China</i>
adquiridas en tiendas de dise&ntilde;o y decoraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece anecd&oacute;tico
o el simple devenir de las modas. Todos re&iacute;mos con un dejo de ternura, ternura
que oculta una cierta culpa, cuando recordamos los artefactos que poblaban la
vida cotidiana de nuestros antepasados. La memoria, cuando no es un verdadero
recordar, un <i>recordis</i>, un nuevo paso
por el coraz&oacute;n que nos llena de saudosos crep&uacute;sculos, es un peso absurdo del que
preferimos deshacernos y que en la pr&aacute;ctica, en nuestro pa&iacute;s abandonador,
obturamos con una l&aacute;pida que llamamos &ldquo;el cambio&rdquo;, y al parecer quedamos
desorientados respecto de nuestro discurso, no honramos a nuestros padres,
nuestros or&iacute;genes, a fuerza de empe&ntilde;arnos en ser lo que creemos que debemos y
tenemos derecho a ser. Menos mal que el sol todav&iacute;a no es cuestionado por los
especialistas en decoraci&oacute;n y sigue repitiendo su ancestral rito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero recordemos.
En este cap&iacute;tulo hay una tragedia. El protagonista, perteneciente a la vieja
clase latifundista chilena est&aacute; enamorado de una mujer de clase media de origen
campesino. Ella lo dice, estaban locos de amor, apenas sal&iacute;an de la cama para
alimentarse. Hab&iacute;an hecho nido a su apasionado amor en medio de la ciudad y ya
conversaban de posibilidades para escapar del juicio clasista. Y en el fragor
amoroso, de la noche a la ma&ntilde;ana, &eacute;l la abandona. Nos encontramos ante una
automutilaci&oacute;n feroz, el personaje arranca de ra&iacute;z el motivo de su deseo, para
seguir un mandato social. El amor no es m&aacute;s fuerte, la amada es desechada como
un simple objeto inadecuado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A&ntilde;os
m&aacute;s tarde, ella habla, encuentra una met&aacute;fora para explicarse el fracaso de su
historia: &ldquo;De solamente imaginar a mi mam&aacute; conversando con su madre me daban
escalofr&iacute;os. Mi mam&aacute;, una mujer campesina sencilla, hija de un pe&oacute;n de pala,
bien casada con mi padre, un t&eacute;cnico manual muy competente y valorado, se hab&iacute;a
convertido en una citadina, pero en el fondo segu&iacute;a siendo una campesina
sencilla. Un buen plato de comida hecha con sus manos segu&iacute;a siendo la muestra
de cari&ntilde;o m&aacute;s grande de que era capaz. O pa&ntilde;itos bordados que hac&iacute;a
primorosamente y que regalaba a quienes estaban verdaderamente pr&oacute;ximos a su
coraz&oacute;n. Pa&ntilde;itos para evitar que los objetos puestos sobre las mesas se vieran
demasiado abandonados, y tambi&eacute;n para que no rayaran el barniz. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a
hacer con todo esto la madre de Luis? Una patrona acostumbrada a tratar con
inquilinos y sus mujeres, sus empleadas de casa, acostumbrada a establecer y
ver diferencias, las diferencias que hacen de su vida su vida y hacen de ella y
su marido quienes realmente son. Sin estas diferencias ella no es nadie, me di
cuenta de inmediato, y me aterr&eacute;.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pa&ntilde;itos
a crochet, o el elogio de la artesan&iacute;a, podr&iacute;a ser el subt&iacute;tulo para comentar
este segundo objeto accesorio.</p>
<p>El autor
nuevamente lo ubica sobre una pieza principal, el abrigo por antonomasia, el
amor. Pero no el amor a secas, sino el amor abortado por un prop&oacute;sito mayor, no
mejor, solo mayor.</p>
<p>Otra
vez el accesorio logra abrillantar y hasta cambiar la naturaleza del objeto que
se da por fundamental.</p>
<p>El
pa&ntilde;ito, como una fea mancha sobre un lino de Holanda, atrae las miradas que
huyen despavoridas y luego agiganta el mensaje, mensaje fugaz pero imborrable
en la conciencia del lector despierto, &ldquo;me aterr&eacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El
prop&oacute;sito mayor, el continuismo de la endogamia nacional clasista y puritana,
somete como un mandato divino lo que se tiene por eje de la fe cristiana, el
amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el
accesorio transforma. El cap&iacute;tulo citado, despu&eacute;s de la lapidaci&oacute;n de la amada,
que el lector reconoce, deja como contrabando en la escrupulosa memoria del
abandonador un suave elogio de las manualidades, las artes menores, las
artesan&iacute;as del afecto femenino, como el recuerdo del d&iacute;a que nos regala el
crep&uacute;sculo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La
mujer de <i>medio pelo</i>, a trav&eacute;s de su
destierro, renace se&ntilde;ora de su identidad, de su conciencia, de su vida; el
pr&iacute;ncipe se vuelve sapo y queda paralizado en su trono que no es m&aacute;s que una
piedra resbalosa en un m&iacute;nimo charco. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No
hay castigo evidente ni mensaje aleccionador, los pa&ntilde;itos a crochet muestran
con suficiente potencia la &uacute;nica mesa que es suficiente, la mesa abundante de
la vida liberada del orgullo, la culpa y la verg&uuml;enza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Elogio
de las manualidades, las artes menores o reconocimiento de la mujer cosificada
y desechada, como un pa&ntilde;ito a crochet.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay
muchos objetos accesorios en esta novela que no tiene un centro &uacute;nico. El autor los puso cuidadosamente entre sus
venas y huesos. Algunos son joyas, otros, curiosas prendas que visten y animan el
cuerpo de la obra, todos nos espejean para recordarnos lo que somos y lo que
podemos ser, y sacuden nuestra atenci&oacute;n para invitarnos a una lectura activa
del cuento que nos contamos sobre nosotros mismos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>
<br clear="all" /></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<p><a href="#_ftnref1">[1]</a>. En Chile los accidentes de tr&aacute;nsito constituyen la
cuarta causa de muerte y la primera causa de muerte de j&oacute;venes</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
<wfw:commentRss>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/rss/comments/view/996240</wfw:commentRss>
</item>
<item>
<title>A SOLO DOS MESES DE UN TERREMOTO</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/775098/A-SOLO-DOS-MESES-DE-UN-TERREMOTO.html</link>
<pubDate>Sun, 02 May 2010 21:15:49 -0400</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Una de las din&aacute;micas m&aacute;s propias del taller es
la escritura en sala. Esta experiencia nos conecta con el &aacute;nimo de desaf&iacute;o, la
intuici&oacute;n, el esp&iacute;ritu l&uacute;dico, la confianza con el grupo y la capacidad de
improvisaci&oacute;n (aqu&iacute; y ahora).</p>
<p>He visto el beneficio que produce esta
pr&aacute;ctica y c&oacute;mo impacta de lleno sobre los prejuicios que conservamos
acerca de la creaci&oacute;n, el arte, la inspiraci&oacute;n, entre otros. </p>
<p>La escritura en sala puede llegar a ser una
demostraci&oacute;n palpable de que todo aquello (creaci&oacute;n, inspiraci&oacute;n, arte) no est&aacute;
en otra parte, ni es necesario que lo traiga una musa, ni es privilegio de s&oacute;lo
algunos iniciados, sino que es una posibilidad abierta a todos. Al escribir
constatamos que podemos construir identidad a partir de fragmentos de memoria,
en el presente.</p>
<p>Entendiendo que corresponde a la experiencia
personal (autobiogr&aacute;fica) y tambi&eacute;n colectiva, propuse a mis alumnos escribir
sobre el terremoto acontecido hace dos meses en Chile.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; fue, qu&eacute; ha sido el terremoto para cada
uno?</p>
<p>Parece que la palabra terremoto (y el
fen&oacute;meno) hiciera parte de nuestra cultura, nuestro vocabulario, nuestro
car&aacute;cter, nuestra memoria, nuestra identidad chilena, as&iacute; lo dicen los
estudiosos del individuo y de la sociedad. Tenemos una cierta familiaridad con lo
s&iacute;smico.</p>
<p>Pero a la vez podemos dar testimonio de una
experiencia traum&aacute;tica. Digo a la vez porque el hecho sucede de un modo
particular en nuestro pa&iacute;s, un modo que deja caber tambi&eacute;n el humor, el absurdo
y otros componentes del relato que asombran a observadores extranjeros.</p>
<p>Y retomo la palabra traum&aacute;tica ya que en los relatos
que surgieron constatamos la presencia de muchas emociones, fantas&iacute;as,
pensamientos y actos que, si bien son parte de nuestra familiaridad, tambi&eacute;n lo
son del silencio o de lo que se deja puertas adentro. </p>
<p>Por mencionar algunos, y en t&eacute;rminos muy
generales, la experiencia sensible de la p&eacute;rdida del control, la vivencia de la
fuerza violenta de la naturaleza sobre nuestras <i>construcciones</i> y nuestros cuerpos, las fantas&iacute;as tan diversas, en
vida, de la muerte (o la muerte en vida), y todo ello &ndash;en nuestro afortunado
caso&ndash; como experiencias que no incluyeron la muerte real de un ser querido, la
p&eacute;rdida concreta de la casa, el trabajo u otros.</p>
<p>Sin embargo, tambi&eacute;n vimos que en nuestra cultura
de pa&iacute;s s&iacute;smico se encuentra instalada una especie de <i>conocimiento</i>, o mandato soterrado, que nos viene a decir, &ldquo;no le
pong&aacute;i tanto, si a ti no te pas&oacute; na&rsquo;h&rdquo;. </p>
<p><b>No es inocente entonces el silencio que hacemos
frente a un hecho tan ins&oacute;lito.</b></p>
<p>Por eso insist&iacute; en el tema que parec&iacute;a
&ldquo;bastante superado&rdquo;. Y los escritos resultantes estuvieron
sorprendentes, con hechos n&iacute;tidos y presencia subjetiva del hablante en el
presente y en el pasado del recuerdo. Tuvieron tensi&oacute;n, humor, belleza, ternura
y reflexi&oacute;n. </p>
<p>Algunas reflexiones que surgieron: no hay un
terremoto igual para todos, cada uno tiene una experiencia &uacute;nica aunque a la
vez com&uacute;n. Cada persona est&aacute; en un momento particular de su vida y trae consigo
un pasado. Todas nuestras acciones parecen orientadas a enmascarar el hecho de
que no controlamos la vida ni la muerte. Lo que se movi&oacute; no fue solo la tierra, sino
tambi&eacute;n nuestras creencias, nuestras certidumbres, nuestro af&aacute;n por mantener
proyectos, planes de seguridad, de salud, de econom&iacute;a para un futuro que no
manejamos. </p>
<p>El terremoto fue traum&aacute;tico, pero tambi&eacute;n
vivificante, como un bofet&oacute;n que nos dio la posibilidad de derrumbarnos, detenernos
y replantearnos el sentido de nuestra vida. Sentimos nuestra fragilidad,
nuestra precariedad, pero tambi&eacute;n lo que gratuitamente tenemos, la vida. Bajo
la presi&oacute;n de lo incontrolable vivenciamos aquella expresi&oacute;n latina, <i>Carpe diem</i>, &ldquo;aprovecha el d&iacute;a&rdquo;, no lo
malgastes. Sentirlo puede doler, pero terminamos por agradecerlo.</p>
<p>Lo que hacemos al escribir sobre una
experiencia traum&aacute;tica es poner palabras que puedan nombrar una necesidad
acallada o resignada, una p&eacute;rdida, un duelo, unas emociones indecibles, un
deseo de liberaci&oacute;n.&nbsp; Lo que hacemos es apropiarnos
de la experiencia, elaborarla, legitimarla, sanarla.</p>
<p>Sanar un trauma, pret&eacute;rito o reciente, implica
revisitar emociones y quiebres que han quedado en nosotros encapsulados, tal
vez en forma de fantasmas, en alg&uacute;n lugar, por cierto que tambi&eacute;n en el cuerpo.
</p>
<p>Escribir sobre ello es como abrir una madeja
apretada y comenzar a hilar juicios y prejuicios que se mantienen en forma de
clich&eacute;s trivializadores o de f&oacute;rmulas tomadas del habla com&uacute;n. Escribir sobre
ello es hacerle nido a emociones, interpretaciones y juicios como el miedo, el
sinsentido, el absurdo, la rabia, el resentimiento, la perplejidad, la
verg&uuml;enza, el horror o lo que no alcanzamos a comprender. </p>
<p>Sanar un trauma, personal y colectivo, en un
espacio de respeto es una oportunidad de sacar del encierro una vivencia, ecualizarla
con las de otros, transform&aacute;ndola as&iacute; en una ocasi&oacute;n de superaci&oacute;n y
enriquecimiento mutuos.</p>
<p>He recordado a las mujeres de Machal&iacute; que se
sent&iacute;an culpables porque en el sur hab&iacute;a gente m&aacute;s afectada, a pesar de que en esa
comuna hab&iacute;a m&aacute;s de 2000 casas desplomadas. Les costaba hablar de actitudes
insospechadas, como sostener un televisor nuevo en vez de socorrer a un
hijo, de un vecino que hab&iacute;a querido matarse o de otro que hab&iacute;a muerto al
entrar en su casa para salvar al gato.</p>
<p>Los relatos posteriores al terremoto tambi&eacute;n denotan
rabia por la imposibilidad de expresar las emociones personales, generalmente
percibidas como signo de ego&iacute;smo y debilidad, en medio de llamados al hero&iacute;smo
y la normalizaci&oacute;n. </p>
<p>Escribir sobre el terremoto fue darnos cuenta,
en el silencio de la p&aacute;gina en blanco, de que no se puede cuantificar ni juzgar
el sufrimiento de cada cual. </p>
<p><b>&nbsp;Lo que yo siento es lo que siento. &iexcl;Y lo
siento mucho!</b></p>]]></description>
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</item>
<item>
<title>LOS ESTATUTOS DEL HOMBRE</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/753946/LOS-ESTATUTOS-DEL-HOMBRE.html</link>
<pubDate>Sun, 04 Apr 2010 09:29:26 -0400</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p style="text-align: left;">Este poema es una joya de la literatura que es muy grato compartir, en medio del efecto de ceguera que nos provoca la cultura de la inmediatez con su exceso de informaci&oacute;n y el arte y la cultura de la imagen, m&aacute;s a&uacute;n cuando se trata del poema de un brasile&ntilde;o, pero sobre todo un habitante de la tierra.</p>
<p style="text-align: left;">En medio de las infinitas contingencias en que nos dejamos atrapar y con las que nos identificamos, esta lectura puede recordarnos un compromiso con lo m&aacute;s simple, fresco y trascendente del ser humano.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p align="center"><b>LOS ESTATUTOS DEL HOMBRE</b></p>
<p align="center"><b> </b>Thiago de Mello &ndash; Traducci&oacute;n de 
Pablo Neruda</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Art&iacute;culo 1<br />
Queda decretado que ahora vale la vida, que ahora vale la verdad, y que 
de manos dadas trabajaremos todos por la vida verdadera.</p>
<p>Art&iacute;culo 2<br />
Queda decretado que todos los d&iacute;as de la semana, inclusive los martes 
m&aacute;s grises, tienen derecho a convertirse en ma&ntilde;anas de domingo.</p>
<p>Art&iacute;culo 3<br />
Queda decretado que, a partir de este instante, habr&aacute; girasoles en todas
 las ventanas, que los girasoles tendr&aacute;n derecho a abrirse dentro de la 
sombra; y que las ventanas deben permanecer el d&iacute;a entero abiertas para 
el verde donde crece la esperanza.</p>
<p>Art&iacute;culo 4<br />
Queda decretado que el hombre no precisar&aacute; nunca m&aacute;s dudar del hombre. 
Que el hombre confiar&aacute; en el hombre como la palmera conf&iacute;a en el viento,
 como el viento conf&iacute;a en el aire, como el aire conf&iacute;a en el campo azul 
del cielo.</p>
<p>Par&aacute;grafo:<br />
El hombre confiar&aacute; en el hombre como un ni&ntilde;o conf&iacute;a en otro ni&ntilde;o.</p>
<p>Art&iacute;culo 5<br />
Queda decretado que los hombres est&aacute;n libres del yugo de la mentira. 
Nunca m&aacute;s ser&aacute; preciso usar la coraza del silencio ni la armadura de las
 palabras. El hombre se sentar&aacute; a la mesa con la mirada limpia, porque 
la verdad pasar&aacute; a ser servida antes del postre.</p>
<p>Art&iacute;culo 6<br />
Queda establecida, durante diez siglos, la pr&aacute;ctica so&ntilde;ada del profeta 
Isa&iacute;as, el lobo y el cordero pastar&aacute;n juntos y la comida de ambos tendr&aacute;
 el mismo gusto a aurora.</p>
<p>Art&iacute;culo 7<br />
Por decreto irrevocable queda establecido el reinado permanente de la 
justicia y de la claridad. Y la alegr&iacute;a ser&aacute; una bandera generosa para 
siempre enarbolada en el alma del pueblo.</p>
<p>Art&iacute;culo 8<br />
Queda decretado que el mayor dolor siempre fue y ser&aacute; siempre no poder 
dar amor a quien se ama, sabiendo que es el agua quien da a la planta el
 milagro de la flor.</p>
<p>Art&iacute;culo 9<br />
Queda permitido que el pan de cada d&iacute;a tenga en el hombre la se&ntilde;al de su
 sudor. Pero; que sobre todo tenga siempre el caliente sabor de la 
ternura.</p>
<p>Art&iacute;culo 10<br />
Queda permitido a cualquier persona a cualquier hora de la vida el uso 
del traje blanco.</p>
<p>Art&iacute;culo 11<br />
Queda decretado, por definici&oacute;n, que el hombre es un animal que ama, y 
que por eso es bello, mucho m&aacute;s bello que la estrella de la ma&ntilde;ana.</p>
<p>Art&iacute;culo 12<br />
Decretase que nada estar&aacute; obligado ni prohibido. Todo ser&aacute; permitido. 
Inclusive jugar con los rinocerontes, y caminar por las tardes con una 
inmensa begonia en la solapa.</p>
<p>Par&aacute;grafo:<br />
S&oacute;lo una cosa queda prohibida: amar sin amor.</p>
<p>Art&iacute;culo 13<br />
Queda decretado que el dinero no podr&aacute; nunca m&aacute;s comprar el sol de las 
ma&ntilde;anas venideras. Expulsado del gran ba&uacute;l del miedo, el dinero se 
transformar&aacute; en una espada fraternal, para defender el derecho de cantar
 y la fiesta del d&iacute;a que lleg&oacute;.</p>
<p>Art&iacute;culo Final<br />
Queda prohibido el uso de la palabra libertad, la cual ser&aacute; suprimida de
 los diccionarios y del pantano enga&ntilde;oso de las bocas. A partir de este 
instante, la libertad ser&aacute; algo vivo y transparente, como un fuego o un 
r&iacute;o, o como la semilla del trigo y su morada ser&aacute; siempre el coraz&oacute;n del
 hombre.</p>
<p>Thiago de Mello</p>]]></description>
<wfw:commentRss>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/rss/comments/view/753946</wfw:commentRss>
</item>
<item>
<title>Taller de la Calle presenta:</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/750701/Taller-de-la-Calle-presenta.html</link>
<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 17:31:54 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>Pincha sobre la imagen para ver en tama&ntilde;o real</p>
<p><a href="http://img532.imageshack.us/img532/633/tarjeton100dpi.jpg" target="_blank"><img src="http://bligoo.com/media/users/4/223035/images/public/24273/tarjeton_100dpi.jpg?v=1269901727602" title="tarjeton_100dpi.jpg" alt="tarjeton_100dpi.jpg" style="border: 0; margin: 4px;" /></a></p>]]></description>
<wfw:commentRss>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/rss/comments/view/750701</wfw:commentRss>
</item>
<item>
<title>INVITACIÓN</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/734037/INVITACION.html</link>
<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 20:35:52 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p><span style="font-size: 12pt;">Estimados amigos,</span></p>
<p><b><span style="font-size: 12pt;">los invito a hacer un viaje fascinante de encuentro con uno
mismo, una experiencia de pertenencia grupal y de apertura a la
abundancia de la vida y el ser humano.</span></b></p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Con entusiasmo y para darle fuerza y sentido a este a&ntilde;o 2010, les abro las puertas de mi taller de escritura creativa, LA RIQUEZA
AUTOBIOGR&Aacute;FICA que se realizar&aacute; en Espacio Indigo (<a href="http://www.espacioindigo.cl/" target="_blank">www.espacioindigo.cl</a>).</span></p>
<p><span style="font-size: 12pt;">A partir
de abril y hasta diciembre, nos reuniremos cada mi&eacute;rcoles, durante dos
horas, de 19:00 a 21:00 hrs. a crear y aprender escribiendo,
acompa&ntilde;ados e impulsados por los grandes creadores universales.</span>
</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Buscamos
aprender y aplicar t&eacute;cnicas narrativas que potencian la creatividad y
el enriquecimiento de la identidad de cada participante. </span>
</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Exploramos tres formas b&aacute;sicas de narrativa personal: Memorias, Ficci&oacute;n y Ensayo.</span></p>
<p style="text-align: center;"><b><span style="font-size: 12pt;">&nbsp;&nbsp; No se requiere formaci&oacute;n literaria previa.</span></b></p>
<p style="text-align: center;"><b><span style="font-size: 12pt;">Basta con saber escribir.<br /></span></b></p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Este
taller de nueve meses tiene un costo mensual de $80.000.</span></p>
<p><span style="font-size: 12pt;">El primer pago vale como inscripci&oacute;n y se hace en la secretar&iacute;a de Espacio Indigo.</span>

</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Los grupos son de diez personas, m&aacute;ximo.</span>
</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Si desean m&aacute;s
informaci&oacute;n (programa, bibliograf&iacute;a, presentaci&oacute;n m&iacute;a) pueden escribirme a "<a target="_blank" title="taller escritura 2010" href="mailto:vruiz_ortiz@hotmail.com">taller escritura 2010</a>". </span>
</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-size: 12pt;">&iexcl;Los espero!<br /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
<wfw:commentRss>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/rss/comments/view/734037</wfw:commentRss>
</item>
<item>
<title>LA CHECHA, TERNURA DE VIOLENCIA</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/728132/LA-CHECHA-TERNURA-DE-VIOLENCIA.html</link>
<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 16:03:32 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img style="border: 0; margin: 4px;" alt="http://bligoo.com/media/users/4/223035/images/public/24273/1266863953812-DSC02089.JPG" title="http://bligoo.com/media/users/4/223035/images/public/24273/1266863953812-DSC02089.JPG" src="http://bligoo.com/media/users/4/223035/images/public/24273/1266863953812-DSC02089.JPG?v=1266864369374" width="410" height="307" /></p>
<p>Miro de
reojo la televisi&oacute;n muda, mientras improviso algunas notas sobre el taller que
hicimos con mis alumnos avanzados, en invierno, a mujeres de la poblaci&oacute;n
marginal La Legua. Duele ese calificativo, pero, dig&aacute;moslo sin anestesia: en el
Chile del siglo XXI, La Legua, una poblaci&oacute;n hist&oacute;rica, de quince mil (15.000)
habitantes, vive en el margen.</p>
<p>Nos
reunimos al alero de la capilla San Cayetano. El p&aacute;rroco, un cura obrero belga,
Gerard Ouisse, residente en Chile desde hace veintid&oacute;s a&ntilde;os, nos recibi&oacute; siempre
con entusiasmo, a pesar de la balacera de la noche anterior (&ldquo;No puedo
intervenir as&iacute; no m&aacute;s, ellos todav&iacute;a me respetan, pero la pared del fondo est&aacute;
llena de agujeros de balas&rdquo;). </p>
<p>Nuestro
prop&oacute;sito es colaborar con la escritura en un programa de desarrollo humano que
esta vez tiene un objetivo claro, hacer un libro de memorias de La legua, en el
marco de las celebraciones por los sesenta a&ntilde;os de vida de la parroquia. Le he
contado a Gerard acerca de la metodolog&iacute;a del taller. Me interesa saber qu&eacute;
espera de nosotros. Nos alienta a trabajar libremente, porque ellas, dice,
necesitan un espacio sanador de libertad, necesitan ser escuchadas y valoradas,
han sufrido mucho y nunca han dejado de luchar por sus familias, han pasado de
la violencia de la dictadura militar, que intervino brutalmente aqu&iacute;, a la
dictadura del narcotr&aacute;fico. </p>
<p>Le pido que me hable sobre La legua y la parroquia San Cayetano. La
poblaci&oacute;n naci&oacute; hace m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, cuando los mineros del norte, cesantes
del salitre, llegaron a Santiago. Esa fue La Legua Vieja. Luego se cre&oacute; el
sector Emergencia, creado por los militares. Se le llam&oacute; as&iacute; porque las
viviendas eran mediaguas, &ldquo;de emergencia&rdquo; adonde llevaron familias que viv&iacute;an
en conventillos, por seis meses dijeron y llevan cincuenta a&ntilde;os. Luego se levant&oacute;
el sector Industria. Han sabido hacerle frente a la pobreza, supieron oponerse a
Pinochet, pero no han podido con la dictadura de la droga. La pobreza, la
cesant&iacute;a, en una sociedad de consumo, son condiciones perfectas para que el
narco haga su entrada aqu&iacute;. Las familias, que no ven salida, terminan guardando
droga, vendi&eacute;ndola. &iquest;M&aacute;s c&aacute;rceles, m&aacute;s polic&iacute;a?&hellip;Falta de imaginaci&oacute;n, de
compasi&oacute;n. S&oacute;lo el amor puede crear las condiciones para sacar a la gente de la
miseria. Educaci&oacute;n adaptada a la realidad de La legua porque ya hay ni&ntilde;os <i>burreros</i>, que portan armas, esos ni&ntilde;os
no pueden ir a una escuela com&uacute;n. Es un trabajo de veinte a&ntilde;os al menos. Educaci&oacute;n,
vivienda digna -no un espacio de tres metros de ancho por ocho de largo, sin
luz-, empleo digno, son necesidades b&aacute;sicas y urgentes. &iquest;Qu&eacute; conocen los chilenos
sobre La Legua? Poco y malo. La prensa estigmatiza, busca la noticia espectacular,
lo escabroso, lo violento, eso vende. La prensa no muestra los conciertos de
m&uacute;sica, el carnaval, los festivales de pintura y teatro, las comunidades
sociales, la solidaridad de otros que vienen a La Legua. Lamentablemente no se
muestra que esta es una comunidad alegre, solidaria, din&aacute;mica, creativa,
comprometida con una b&uacute;squeda permanente para salir adelante. &iquest;Qu&eacute; es el amor como
herramienta? Amor es buscar dignidad y justicia para todos. &iquest;C&oacute;mo podemos
contribuir desde el taller? Puede ser una forma de enfrentar un problema muy
grande que tenemos, que es la desvinculaci&oacute;n tremenda entre los distintos
sectores de nuestra sociedad, puede ser una forma de traspasar unos muros que
son odios, temores, muros que no se mueven solamente con programas
gubernamentales. La miseria y la indignidad son un problema cultural que afecta
a todo el pa&iacute;s. Que las mujeres puedan dejar testimonio de sus experiencias y
que &eacute;stas puedan ser escuchadas por otros sectores, eso es un gran aporte. </p>
<p>En la
pantalla, Par&iacute;s, a fines del siglo XIX, cuando no exist&iacute;a el impuesto a la
renta, las bailarinas del Moulin Rouge hacen piruetas y muestran sus calzones
repolludos, los famosos pasean y se retratan en las calles mientras Europa
avanza hacia la guerra. </p>
<p>M&aacute;rgenes&hellip;
Para Gerard Ouisse lo m&aacute;s efectivo es crear puentes, conectar mundos, sacar a
los ricos de su indolencia que es puro miedo; <b>mostrar la riqueza y la sabidur&iacute;a de los pobres, tan necesaria para la
sociedad de hoy</b>. Los cambios culturales pueden producirse como el hurac&aacute;n
que comienza con el batir de alas de una mariposa. Un sentido de esperanza, de urgencia
y una reserva respecto a los mecanismos tradicionales de la pol&iacute;tica hacen que
los emprendimientos individuales encuentren en La Legua un apoyo sencillo y
eficaz. Eso es lo que recibimos y lo que aprovechamos con pasi&oacute;n.</p>
<p>Tengo los
quince cuadernos escritos por esas mujeres. Avanzamos en la tarea de edici&oacute;n hasta
que salga el libro.</p>
<p>Pero se me
cuela el recuerdo de la Checha, una de las pobladoras que m&aacute;s concentr&oacute; su
escritura en nombrar la pobreza con palabras sencillas, &ldquo;Con mis hermanos,
cuando ni&ntilde;os, ped&iacute;amos pancito duro. Era triste recibir el portazo&rdquo;, &ldquo;De mi
primer trabajo, yo era jovencita, me llevaba las bolsitas de t&eacute; para el remojo&rdquo;,
&ldquo;Si mi mam&aacute; estuviera viva&hellip;&rdquo; </p>
<p>Ella expresaba
sin resentimiento, hasta con ternura, un motivo inc&oacute;modo, implacable: el hambre. </p>
<p>Recuerdo que
cuando le&iacute;a sus escritos se hac&iacute;a un silencio especial, casi todas las mujeres
ten&iacute;an los ojos h&uacute;medos. Curiosamente, la ternura de sus palabras nos proteg&iacute;a
de la violencia.</p>
<p><img style="border: 0; margin: 4px;" alt="DSC02088.JPG" title="DSC02088.JPG" src="http://bligoo.com/media/users/4/223035/images/public/24273/DSC02088.JPG?v=1266864535121" width="424" height="277" /></p>
<p>La sombra
del narco, el terror, el abuso, la ira se expresaron en varios otros escritos
provocando parpadeos nerviosos, ce&ntilde;os apretados y hasta una risa loca por ah&iacute;.
Motivos espectaculares, sustancia de pel&iacute;culas y novelas. Pero el hambre de la
Checha, una mujer guapa, inteligente y buena&hellip;trabajar desde ni&ntilde;a hasta vieja y
no ganar para comer, vivir de las sobras de otros, en el Chile del siglo XXI, deshac&iacute;a
los ojos, llevaba la mano a la boca, sonaba a locura, a no saber sacar las
nueces como el gato; daba verg&uuml;enza, no ten&iacute;a nada heroico, daban ganas de
patear las sillas. El hambre, en este pa&iacute;s de mantel blanco y est&oacute;mago pegado a
la espalda, se esconde.</p>
<p>La Checha
nos abri&oacute; su fragilidad, habl&oacute; de un destino que se repite una y otra vez, un
laberinto del que no se puede salir sola, sin la colaboraci&oacute;n de otros. &ldquo;Una
verdadera psicosis &ndash;ley&oacute; estremecida&ndash;, que vivo a diario cuando tengo que
contar y recontar las raciones para mis hijos, nietos y bisnietos&rdquo;. </p>
<p>&nbsp;Hambre que
resuena con otras hambres de otros sectores (marcas, cirug&iacute;as, viajes o lo que
sea), sectores que se marginan y se envenenan tambi&eacute;n por excesos, tampoco
elegidos conscientemente. Desvinculaci&oacute;n, disociaci&oacute;n, desintegraci&oacute;n&hellip;no son
cualidades de una sociedad desarrollada.</p>
<p>Terminamos
el taller con mucha alegr&iacute;a. Nos sentamos en c&iacute;rculo y escuchamos los testimonios
sobre lo que hab&iacute;a sido la experiencia del taller. Ni una se guard&oacute;, todas
compartieron con entusiasmo. Fui dando reflejos a cada una para subrayar el
prop&oacute;sito que nos hab&iacute;amos planteado: llevar la escritura como herramienta de
liberaci&oacute;n a otros grupos, crear puentes. </p>
<p>&ldquo;Es como mi
verdadero descanso, en la noche&rdquo;. Bien, la escritura como espacio propio, para salir del
ajetreo diario. &ldquo;Cuando empezamos yo lloraba cuando escrib&iacute;a, era un desahogo, s&iacute;, pero
ahora tambi&eacute;n recuerdo momentos felices y me siento orgullosa de lo que
hemos hecho&rdquo;. Excelente, la escritura como clarificaci&oacute;n. &ldquo;Yo pensaba que me
hab&iacute;a olvidado de todo, pero es como tirar un hilo, empieza a salir y no para
nunca&rdquo;. Fant&aacute;stico, la escritura como viaje en el tiempo y el espacio (hay sonrisas).
&ldquo;Cuando les leo a mis hijos y a mi marido, se quedan con la boca abierta, me
abrazan, me felicitan&rdquo;. Muy bien, podemos ser muy poderosos cuando escribimos y
nos contagiamos de admiraci&oacute;n y buena onda. Entonces, la escritura como
registro, reflejo, memoria; como meditaci&oacute;n diaria; como disciplina personal y
grupal. La escritura como espejo del alma; como goce y juego; como ejercicio de
desverg&uuml;enza, aceptaci&oacute;n y liberaci&oacute;n; como expresi&oacute;n de algo que nos comunica
y une, que derriba las barreras. Y termino agregando, nunca lo olviden, la
escritura como afirmaci&oacute;n de la autor&iacute;a libre que no es patrimonio de algunos
pocos, es de todos.</p>
<p>La voz de
la Checha a&uacute;n resuena en m&iacute;, certera: &ldquo;Una verdadera psicosis&rdquo;, &ldquo;No se puede
salir sola&rdquo;. Pienso en el poder conspirador de escribir juntas, de desafiarnos
con la fabricaci&oacute;n de un libro, de escribir esta nota. Pienso en los j&oacute;venes,
los ni&ntilde;os que recibir&aacute;n el taller a trav&eacute;s de esas mujeres macanudas. Tengo la
esperanza de que se animar&aacute;n a escribir sobre sus hambres y sus riquezas, que
se dar&aacute;n cuenta de que pueden (y deben) tambi&eacute;n ser un aporte para que nuestro
pa&iacute;s, que se ufana de sus valores humanistas, pueda levantar la cara sin mala
conciencia. Tengo a la Checha metida en el coraz&oacute;n. Me contagio de su "psicosis",
de su capacidad de salir de ella, de su esperanza y su poder de ser escuchada. </p>
<p>En la
pantalla muda ahora hay un cocinero japon&eacute;s que ense&ntilde;a a cocinar delicias
simples... Imagino que a esta misma hora ella est&aacute; organizando las raciones de
comida y los turnos para ocupar la mesa.</p>]]></description>
<wfw:commentRss>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/rss/comments/view/728132</wfw:commentRss>
</item>
<item>
<title>GLAMURIZAR III</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/718738/GLAMURIZAR-III.html</link>
<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 11:57:37 -0300</pubDate>
<guid isPermaLink="false">http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/718738/GLAMURIZAR-III.html</guid>
<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p><img height="267" width="436" src="http://bligoo.com/media/users/4/223035/images/public/24273/pavo_real.jpg?v=1265467550390" style="margin: 4px; border: 0px;" /></p>
<p>Retomo la idea. Glamurizar con palabras, sobre todo&nbsp;cuando escribimos, supone adue&ntilde;arnos de nuestra identidad, envolver con encanto y pasi&oacute;n esos hechos que recordamos haber vivido, es decir elaborar unos cuentos que, al desnudo, ser&iacute;an s&oacute;lo eso, retazos o fragmentos de hechos. Hechos que sin glamurizaci&oacute;n, por m&aacute;s detalles y pruebas que agreg&aacute;ramos, ser&iacute;an bastante poco (&ldquo;soy ingeniero, estoy casado hace veinte a&ntilde;os, tengo cuatro hijos y soy jefe del &aacute;rea de administraci&oacute;n de mi empresa&hellip;&rdquo;).</p>
<p>Invito a mis alumnos a observar nuevamente sus escritos. Ten&iacute;an una lista de hechos, ahora tienen un cuento hermoso, que adem&aacute;s contiene mil otros cuentos. Ten&iacute;an unas flores, ahora tienen un ramo de flores. Los han puesto en una vasija especial, los han cortado, mezclado, ordenado o desordenado. Cada cuento, a partir de unos hechos inatrapables y muchos de ellos incomprobables (&iquest;c&oacute;mo comprobar el sue&ntilde;o recurrente que tuve durante mi infancia?) bastante comunes y potencialmente riqu&iacute;simos, ahora se ha transformado en una obra personal, una creaci&oacute;n.</p>
<p>Crear supone glamurizar. Glamurizar es seducir, encantar, asombrar, conmocionar, despertar inter&eacute;s, lograr ser escuchados. </p>
<p>Necesitamos seducirnos y seducir a otros para comunicarnos y nos comunicamos para pasar de ser meros efectos a ser origen, para crear.</p>
<p>Se puede glamurizar de muchas formas. Y para ello no se requiere solamente lujo material. Con y en el lenguaje lo hacemos constantemente. Glamuriza una mirada, una frase original, una declaraci&oacute;n sincera, un silencio implacable, un chiste negro, una introducci&oacute;n desconcertante, un <i>pelambre</i> sabroso. Quien glamuriza hace de lo ordinario algo extraordinario, despierta la atenci&oacute;n del otro.</p>
<p>&iquest;Se han fijado en c&oacute;mo glamuriza la naturaleza? No se anda con chicas porque lo que debe despertar es fundamental. Un contagio espectacular de vida y muerte constante, infinitos cuentos de explosi&oacute;n, contracci&oacute;n, florecimiento, celo, hambre, alegr&iacute;a, sue&ntilde;o, nostalgia, introspecci&oacute;n, matanzas, locura, amor, terror, ternura...</p>
<p>Para mostrar m&aacute;s lo que quiero decir con glamurizar hago notar diferencias b&aacute;sicas entre quienes contestan a la pregunta &ldquo;Qui&eacute;n eres&rdquo;. Un argentino, un brasile&ntilde;o y un chileno son personajes que ilustran esta idea en diversos chistes.</p>
<p>Al lado de las exultantes respuestas de los primeros, el chileno parece tomar siempre un camino corto, &aacute;gil, p&iacute;caro, pero sobre todo corto. Austeridad le llamamos a nuestra destreza en la cortedad. Y por cierto, eso tambi&eacute;n es glamurizar.</p>
<p>Hago ver otro ejemplo. &iquest;C&oacute;mo glamurizan al seducir a su amada un chileno, un mexicano, un italiano?</p>
<p>Las comparaciones nos hacen re&iacute;r. Ante la seducci&oacute;n amorosa o ante cualquier otro escenario de participaci&oacute;n donde es importante llamar la atenci&oacute;n de otro, se necesita lenguaje, actitud, creer y crear.</p>
<p>Para seducir a otros tenemos que seducirnos a nosotros mismos. Para vibrar y hacer vibrar a otros, con el fin de con-versar, es decir, crearnos y crear con otros, glamurizar es imprescindible. </p>
<p>As&iacute; nos contagiamos estados de &aacute;nimo minuto a minuto, d&iacute;a a d&iacute;a, y, con m&aacute;s o menos pasi&oacute;n, con m&aacute;s o menos garbo y consciencia, aunque no nos demos cuenta, creamos. </p>
<p>Y agrego, hay territorios, culturas, &eacute;pocas, contextos de glamurizaci&oacute;n. Lo que seduc&iacute;a ayer puede que hoy ya no, o tal vez suceda lo contrario, dependiendo de algo central, la subjetividad, individual y social.</p>
<p>Justamente eso es lo que hacemos los humanos, a diferencia del pavo real o la primavera. Cuando creamos con palabras, cuando escribimos, cuando nos vivimos como personajes y escuchamos a otros como personajes, glamurizamos con nuestra subjetividad.</p>
<p>Podemos recargar nuestra memoria al infinito, si hacemos espacio a nuestra subjetividad, si nos permitimos escuchar y emocionarnos con los cuentos de otros, del mundo, la historia, el arte, la calle, para vivir como partes activas del engranaje fascinante de la creaci&oacute;n.</p>
<p>Mi taller es un espacio para escuchar y ser escuchado como oportunidades, como est&iacute;mulos para crear, y creamos a partir de unas propuestas que hacen del ejercicio un juego, una aventura.</p>
<p>No nos quedamos atrapados en el prejuicio de lo &uacute;nico e indivisible del alma o de la importancia fundamental de la vida de cada uno. Potenciamos un juicio distinto: somos seres creativos y abiertos a las posibilidades de comunicar y contagiar distintos estados de &aacute;nimo. Uno de ellos, el m&aacute;s preciado, es el estado de &aacute;nimo de ganas de crear(se), de vestirse y glamurizarse con <i>esa palabra que pasa por un cuerpo</i>, al escribir.</p>
<p>Como el juglar medieval que aprendi&oacute; a glamurizar hasta lo que no hab&iacute;a vivido nunca, como la replicante que al final termina enamorando a un ser humano, quienes asisten al taller aprenden, al alero de los creadores universales, a encantarse con la magia inagotable de los cuentos de su vida y a participar en su permanente (re)creaci&oacute;n.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>]]></description>
<wfw:commentRss>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/rss/comments/view/718738</wfw:commentRss>
</item>
<item>
<title>VACACIONES...</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/718750/VACACIONES.html</link>
<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 12:20:47 -0300</pubDate>
<guid isPermaLink="false">http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/718750/VACACIONES.html</guid>
<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #000000;">Queridos amigos bloggeros,</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #993300;">estoy de vacacaciones en un lugar bello y remoto,&nbsp;sin internet.</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #800080;">Vengo de vez en cuando -lo menos posible en realidad- al pueblo en busca de un ciber caf&eacute;.</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #808080;">Les dejo un saludo y una promesa, volver&eacute; en unos d&iacute;as a subir una tercera parte de </span>GLAMURIZAR <span style="color: #808080;">y algunas noticias sobre el taller de escritura 2010.</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong><span style="color: #800080;">Abrazo colectivo!!</span></strong></span></p>]]></description>
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<title>GLAMURIZAR II</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/714585/GLAMURIZAR-II.html</link>
<pubDate>Mon, 01 Feb 2010 19:14:13 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p>&iquest;S<img src="http://3.bp.blogspot.com/_bX_Rl4lOb-E/StZtZE4qSvI/AAAAAAAAADE/WRdAw4r2_ZY/S664/barroca2.jpg?v=1264803162890" style="border: 0; float: left; margin: 4px;" width="263" height="252" />e puede aprender a glamurizar, a seducir, a contagiar, a crear a partir de unos fragmentos de memoria?&nbsp;</p>
<p>Cada vez que soltamos esa peque&ntilde;a historia de certificados, &uacute;nica e intransferible, y abrimos el flujo de nuestras capacidades creadoras, claro que s&iacute;, aprendemos y lo hacemos frecuentemente aunque no nos demos cuenta, en movimiento.</p>
<p>De hecho, eso es lo que hacemos cuando <i>contamos</i> en nuestro curr&iacute;culum -por cierto, glamurizando para ese contexto determinado- qui&eacute;nes somos y qu&eacute; hemos hecho. Muchas veces una oportunidad se gana o se pierde dependiendo de esa distinci&oacute;n que nos permite glamurizar adecuadamente. </p>
<p>Hay personas que creen que son su curr&iacute;culum y que act&uacute;an en consecuencia hasta en los espacios menos exigidos. Un ingeniero que nunca deja de ser ingeniero, una modelo que siempre debe ser modelo son ejemplos de c&oacute;mo podemos glamurizar, con m&aacute;s o menos recursos, a partir de nuestros identidades certificadas...</p>
<p>Curiosamente, nuestra &eacute;poca, tan abierta &ndash;y hasta adicta&ndash; al rutilante espect&aacute;culo parece haber trasladado algo de su gravedad (peso y pesadez) a lo liviano y fr&iacute;volo que implica el glamur. Vivimos una glamurizaci&oacute;n muchas veces vac&iacute;a, pero no es problema de la glamurizaci&oacute;n (que tambi&eacute;n estaba presente en las cavernas).</p>
<p>Quiz&aacute;s algo central es cuestionarse para qu&eacute; glamurizo, para qu&eacute; creo. En todo caso, no nos dejemos atrapar por la sociolog&iacute;a; en el taller nos interesa crear con palabras, y para ello, inevitablemente, es necesario glamurizar. </p>
<p>Les propongo a mis talleristas un encargo bastante conocido: </p>
<p>&ldquo;Hagan una lista con afirmaciones sobre su vida. S&oacute;lo hechos comprobables, ning&uacute;n juicio, ninguna calificaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>La mayor&iacute;a desconf&iacute;a. Sus vidas, nada m&aacute;s y nada menos, aunque incluyan el d&iacute;a del matrimonio de sus pad<img src="http://santotomas-atlantico.gov.co/apc-aa-files/33366639656238343138343363383561/ACADEMIA_IMAGEN.JPG?v=1264804222047" style="float: right; margin: 4px; border: 0px;" width="314" height="215" />res, viajes y hasta un paso por la c&aacute;rcel&hellip; terminan siendo unas cortas listas de eso, s&oacute;lo hechos, por lo dem&aacute;s bastante parecidos entre unos y otros.</p>
<p>El segundo encargo: &ldquo;Ahora agreguen a esa lista todas las interpretaciones que tengan sobre esos hechos, juicios, explicaciones, declaraciones emocionadas, cortes, adornos, lo que quieran agregar. Todo.&rdquo;</p>
<p>Entonces las caras cambian, el asombro aparece. &ldquo;&iexcl;Esto es una novela infinita!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Perd&iacute; el control, me fui por las ramas!&rdquo;, &ldquo;Me vol&eacute;, le puse bastante de mi cosecha&rdquo;</p>
<p>Los simples hechos se visten, se maquillan, se despiertan como aves del para&iacute;so y&hellip;vuelan. </p>]]></description>
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<title>Glamurizar I</title>
<link>http://tallerdelacalle.bligoo.cl/content/view/714582/Glamurizar-I.html</link>
<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 19:59:49 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Verónica Ruiz Ortiz</dc:creator>
<description><![CDATA[<p><img src="http://www.visitingargentina.com/blog/wp-content/uploads/senor-tango.jpg?v=1264802051500" style="border: 0; float: right; margin: 4px;" width="216" height="258" /></p>
<p>Mi amigo <a href="http://www.mariovaldivia.cl/"><span style="color: #993300;">Mario Valdivia</span></a>&nbsp; observador tenaz de lo humano, de quien aprendo siempre, me dijo: &ldquo;tu taller no es de desarrollo personal a trav&eacute;s de la escritura. Eso supondr&iacute;a que hay algo que desarrollar, como un m&uacute;sculo atrofiado. T&uacute; generas un contexto para crear (a trav&eacute;s de la escritura) identidad. Los seres humanos sobre todo creamos identidad, porque de lo &ldquo;nada nuevo&rdquo; que reeditamos cada d&iacute;a con nuestra pareja y nuestros compa&ntilde;eros de trabajo podemos transitar, de la mano de los creadores universales, a salir del tedio, a crear, a glamurizar nuestras vidas, a contagiarnos de entusiasmo y contagiar a quienes nos rodean.</p>
<p>Generoso mi amigo y sorprendente su observaci&oacute;n &iquest;Qu&eacute; quieres decir con glamurizar?, le pregunt&eacute;. Fue una larga conversaci&oacute;n.</p>
<p>No somos s&oacute;lo cuerpo, ni menos una retahila de hechos, somos, sobre todo, <i>una palabra que pasa por un cuerpo,</i> como dijo Roland Barthes al explicar qu&eacute; es un estilo, una palabra que creamos y que ofrecemos para despertar en el otro una conmoci&oacute;n que vuelve a nosotros en un vaiv&eacute;n. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para mostrar en mi taller la idea de que creamos permanentemente nuestra identidad y nuestras posibilidades a partir de los cuentos que nos contamos, que contamos y que nos cuentan, muestro como ejemplo la historia de una &ldquo;replicante&rdquo; que aparece en la pel&iacute;cula Blade Runner, un cl&aacute;sico del cine.&nbsp;</p>
<p>Los replicantes son humanoides &ndash;imitaci&oacute;n humana casi perfecta&ndash;, que no tienen memoria, a quienes han tenido que cargarles el <i>chip</i> con datos biogr&aacute;ficos para que&hellip;puedan emocionar(se), para que tengan un rango aceptable de identidad, de inteligencia emocional, para que sean m&aacute;s poderosos.&nbsp;</p>
<p>La replicante, muy hermosa por cierto, cuenta con candoroso encanto, y con trasfondo de m&uacute;sica de Vangelis, el peque&ntilde;o cuento que tiene sobre su vida. Ella le muestra al humano (Harrison Ford), que es un cazador de replicantes, como prueba de su humanidad unas pocas fotograf&iacute;as donde, supuestamente, aparece de ni&ntilde;a. &Eacute;l se conmueve con <i>esa palabra que pasa por ese cuerpo</i>, y finalmente, tras un largo periplo, deserta de la misi&oacute;n que se le ha encomendado&hellip;por amor, y huyen (uno supone que hacia un mundo donde lo imposible es posible).</p>
<p>&nbsp;Con la historia de la replicante quiero mostrarles que en realidad nosotros tambi&eacute;n tenemos una memoria muy leve que prueba qui&eacute;nes somos (fotos, certificados, testigos&hellip;); y que es mucho m&aacute;s potente la fuerza con que creemos qui&eacute;nes somos que las pruebas que tenemos para afirmarlo; que, finalmente, con esa fuerza somos capaces cada d&iacute;a de declarar &ldquo;este soy yo&rdquo;, de crear, a partir de esa creencia, mil formas de ser en las mil contingencias en las que nos ponemos a prueba y, desde luego, crear, glamurizando, qui&eacute;nes somos en los mil intercambios con otros que nos visten y propulsan a mil otras contingencias. Porque somos creadores de realidad a partir de nuestra principal capacidad: comunicarnos, contarnos cuentos para entrar en resonancia con nosotros mismos y con otros.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
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